La escritura ya no es lo que era (y eso no necesariamente es malo)

No, la IA no va a reemplazar a los profesores de escritura. Va a reemplazar a los malos profesores de escritura.

Dra. Violeta Molina Natera

3/22/20265 min leer

"La escritura es la mejor forma de organizar el pensamiento". Durante años repetí este mantra en mis clases, en conferencias, en asesorías. Mis estudiantes asentían, tomaban nota, algunos incluso lo escribían textualmente en sus cuadernos con otro color, y luego volvían con sus ideas dispersas, sus argumentos chuecos, sus textos que parecían haber sido ensamblados con piezas de distintos rompecabezas o como una colcha de retazos. Pero ahora, cuando abro ChatGPT y le pido que "organice estas ideas en un argumento coherente", me pregunto: ¿sigue siendo válido ese mantra?, ¿o acaso estamos ante un cambio tan profundo que debemos reescribir, literalmente, las reglas del juego?

La respuesta, como casi siempre en educación, no es sencilla. Pero una cosa es cierta: la lectura y la escritura tal como las conocimos ya no volverán a ser lo que fueron. Y los profesores de lenguaje tenemos dos opciones: resistirnos nostálgicamente a este cambio o asumir un rol protagónico en la transformación más importante de nuestras disciplinas en los últimos quinientos años.

El elefante en el aula (o más bien, el chatbot)

Hace unos meses, una estudiante me envió un correo a las 11:47 p.m. con el asunto: "Profe, revísame mi texto, porfi". Adjuntó un documento de cinco páginas impecables: introducción con gancho, tres argumentos bien desarrollados, contraargumentos anticipados, cierre contundente. Citas en formato APA sin un solo error. Transiciones fluidas. Vocabulario sofisticado, pero no pedante.

Mi primera reacción fue aplaudir y pensar: "¡Por fin alguien leyó las rúbricas que diseño con tanto cuidado!". Mi segunda reacción, apenas dos segundos después: "Esto lo escribió ChatGPT".

¿Cómo lo supe? No por los detectores de IA, esos oráculos digitales que prometen certezas pero solo ofrecen probabilidades, sino porque ese texto era demasiado perfecto para ser de alguien que tres semanas antes no sabía diferenciar entre una tesis y un objetivo de investigación. Pero, sobre todo, porque le faltaba algo fundamental: pensamiento. Había estructura, pero no había proceso. Había argumentos, pero no había descubrimiento. Era como contemplar una piscina bellamente diseñada pero completamente vacía.

Y entonces comprendí que el problema no era que mi estudiante hubiera usado IA. El problema era que no sabía usarla.

Leer sin leer, escribir sin escribir

Un estudio reciente de Stanford (2024) reveló que el 68% de estudiantes universitarios usa herramientas de IA para "resumir lecturas extensas" y el 54% para "generar primeros borradores de ensayos". Antes de escandalizarnos, como inevitablemente harán algunos colegas en la próxima reunión de departamento, preguntémonos: ¿acaso nosotros no hacemos exactamente lo mismo?

Cuando nos enfrentamos a un artículo de cincuenta páginas sobre neurociencia cognitiva, ¿leemos cada palabra con la reverencia de un monje medieval descifrando manuscritos iluminados? O más bien, ¿escaneamos el abstract, saltamos a las conclusiones, buscamos las palabras clave que necesitamos y seguimos adelante? La diferencia es que nosotros aprendimos a hacer ese proceso de manera estratégica, crítica, selectiva. Sabemos qué buscar porque sabemos qué preguntar.

Nuestros estudiantes, en cambio, le piden a ChatGPT: "Resume este artículo". Y ChatGPT, obediente y acrítico como un asistente demasiado complaciente, les entrega un resumen genérico que podría aplicar a cualquier texto sobre el mismo tema. ¿El resultado? Respuestas mediocres para preguntas mediocres.

Lo mismo ocurre con la escritura. "Escríbeme un ensayo sobre el cambio climático" produce textos que suenan bien pero no dicen nada. Porque la IA, como cualquier herramienta, es tan buena como quien la maneja. Un martillo en manos de un carpintero construye muebles; en manos de alguien sin entrenamiento, solo produce ruido y dedos machucados.

El nuevo rol del profesor de lenguaje: de guardián a guía

Aquí es donde entra nuestra responsabilidad. Si seguimos enseñando lectura y escritura como si estuviéramos en 1995, cuando el mayor peligro era que alguien copiara textualmente de una enciclopedia Encarta, estaremos preparando a nuestros estudiantes para un mundo que ya no existe.

La pregunta no es si nuestros estudiantes van a usar IA para leer y escribir. La pregunta es cómo van a usarla. Y esa diferencia es abismal.

Un estudiante que sabe usar IA para leer no le pide "un resumen", le pide: "Identifica los tres argumentos principales que usa la autora para defender su tesis, señala qué evidencia usa para cada uno, y explícame qué contraargumentos podría anticipar". Un estudiante que sabe usar IA para escribir no le dice "escribe mi ensayo", le dice: "Tengo estas tres ideas centrales pero no sé cómo conectarlas de manera lógica, ayúdame a encontrar el hilo conductor".

¿Ven la diferencia? En el primer caso, el estudiante terceriza el pensamiento, renuncia a pensar. En el segundo, usa la IA como andamiaje, ese concepto que tanto amamos los profesores cuando hablamos de Vygotsky para pensar mejor, más profundo, más estructurado (y si no lo conoces, pídele a la IA que te lo explique con una metáfora).

Organizar el pensamiento en la era de la IA

Durante veinte años defendí que la escritura es la mejor forma de organizar el pensamiento. ¡Y sigo creyéndolo! Pero ahora debemos agregar un paso: la escritura con y a través de la IA es la nueva forma de organizar el pensamiento y el conocimiento que desarrollamos.

Esto no significa abandonar todo lo que sabemos sobre pedagogía de la escritura. Significa integrarlo y transformarlo. Los estudiantes siguen necesitando aprender a generar ideas, a cuestionarlas, a sostener argumentos, a anticipar objeciones. La diferencia es que ahora tienen un interlocutor disponible 24/7 que puede ayudarles en ese proceso, si y solo si saben cómo preguntarle.

Investigaciones recientes en escritura asistida por IA (Guo et al., 2024) demuestran que los estudiantes que reciben instrucción explícita sobre cómo formular prompts efectivos producen textos más complejos, más originales y, sorpréndete, más personales que aquellos que usan la IA de manera intuitiva. ¿Por qué? Porque aprender a darle instrucciones precisas a la IA requiere claridad conceptual. Y la claridad conceptual es, precisamente, lo que siempre hemos querido enseñar.

No es el fin de la escritura, es su transformación

Cuando Sócrates criticó la escritura porque "debilitaría la memoria", no estaba equivocado del todo. Efectivamente, dejamos de memorizar La Odisea y largos discursos cuando pudimos escribirlos. Pero a cambio ganamos la posibilidad de desarrollar argumentos más complejos, de revisar nuestras ideas, de construir conocimiento colectivo a través de los siglos.

La IA genera el mismo tipo de ansiedad, y con razón: está transformando habilidades que considerábamos fundamentales e inamovibles. Pero como profesores de lenguaje, nuestro trabajo nunca ha sido enseñar técnicas inmutables; nuestro trabajo es enseñar a pensar con claridad. Y esa misión permanece intacta, solo que ahora tenemos herramientas nuevas para llevarla a cabo.

Si nos resistimos a integrar la IA en nuestras clases, nuestros estudiantes la seguirán usando, pero lo harán mal. Obtendrán respuestas mediocres, producirán textos vacíos y, sobre todo, desperdiciarán la oportunidad de usar estas herramientas para pensar mejor.

Pero si asumimos nuestro rol como expertos, no solo en escritura, sino en el uso pedagógico de la IA para leer y escribir, podemos guiar esta transformación. Podemos enseñarles a hacer las preguntas correctas, a cuestionar las respuestas, a usar la IA como un interlocutor crítico en lugar de un asistente complaciente.

La escritura ya no es lo que era. Ahora es la mejor forma de organizar el pensamiento en diálogo con la inteligencia artificial. Y esa, lejos de ser una pérdida, podría ser nuestra mayor oportunidad.

Referencias mencionadas:

  • Stanford Digital Education Study (2024). "AI Use Patterns in Higher Education"

  • Guo, K., et al. (2024). "Prompt Engineering and Writing Quality: An Empirical Study"